sábado, 6 de octubre de 2012

LA DANZA DE LA CONFUSIÓN

Sientes que todo empieza a bailar. Insinuante a tu alrededor. Ves que todo lo que antes parecía ir bien ahora empieza a fallar. Todo lo que dabas por supuesto y por sentado, empieza a desmoronarse. 


Te esfuerzas en mantenerlo todo en su sitio, bien unido lo mejor que puedes. Hago como que me da igual. Aparento que todo esta bien, porque eso también me ayuda a sobrellevarlo y a olvidar por un tiempo mi pesar. 

Me resulta extraño. Mirar y ver a mis seres queridos tan caídos. Ver que, aunque intento hacerles ver el mundo de otra manera, no puedo. Al poco tiempo vuelven a su rutina. Hago lo imposible por hacer sonreír a los corazones de los que me rodean. 

No puedo hacerlo eternamente. Me siento impotente. Verles llorar. Verles callar. Verles bajar la cabeza y cerrar los ojos oprimiendo su tristeza.  Quizá guardándola en sus entrañas, acumulándola. 

Escucharles decir que van a tirar la toalla. Dejarlo por un tiempo. Siento que por mucho que lo intento no puedo sacar a mi gente de la oscuridad. 

No. No. No. No lo permitiré. Todos, de una manera u otra seguiremos adelante. Lo prometo. Haré lo imposible por mantenernos vivos. Vivos y orgullosos de ello.

sábado, 29 de septiembre de 2012

LOCURA ESPIRAL


El mundo se ha vuelto loco. Me he perdido completamente. Cuanto más aprendo más cuenta me doy de que no tengo la menor idea de nada. Mi vida se torna una espiral de emociones multicolores, y mire a donde mire solo veo líneas y líneas danzando, que no hacen más que marearme.

Sé que mucha gente se siente así. Normalmente de vez en cuando me dan estos escalofríos y puedo sobrellevarlos de alguna manera o de otra y no suelen durar tanto. Dos semanas de agonía. Cada día peor que el anterior. Pero esta vez me están impidiendo fijarme en lo que me rodea.

Ayudar a mi gente. Preocuparme por ellos. Concentrar toda mi atención en la manera de solucionar los problemas que me acosan día a día.

Necesito parar. Respirar. Sentir la lluvia en la cara. Mirar a lo lejos y ver el perfil de las montañas recortadas por las nubes de lluvia. Parar el reloj y descansar la mente. Ver como desaparece ese dolor perpetuo de las sienes. Liberarme.

Demasiadas emociones y sensaciones nuevas que ni a mi cerebro ni a mi cuerpo les da tiempo de asimilar.

Estrés. Siento que los días se pasan. Rápidos. Como si se hubieran reducido las horas. Como si el secundero hubiera desaparecido y ahora el minutero hiciera su función, convirtiendo los segundos en minutos.

jueves, 10 de mayo de 2012

DIÓGENES DE RECUERDOS


El mural de mi habitación me observa. Cada paso que doy. Cada movimiento que hago. Cada aliento que exhalo. Tanto esas flores pintadas de un azul oscuro manchado de negro como todos los cientos de objetos que mantengo dentro de mis cuatro paredes. Mis cuatro paredes preferidas entre las que guardo retales de recuerdos por aquí y por allá. Todo aquel que entra en mi hábitat se queda petrificado al ver el caos que reina  del que mi mente y mis pensamientos forman parte tanto como toda esa basura.

Como aquel atrapa sueños azul cielo con plumas de gallina que aun conserva la etiqueta, el cual compré hace muchísimo tiempo en una isla llamada Formentera cuando andaba de vacaciones con mis tíos. Como aquellos ositos, uno blanco y otro rosa, regalos de unas inolvidables amigas por aquel día de San Valentín anterior a mi cumpleaños. Como aquel marco vastísimo con aquella foto más antigua que el sol donde se me ve con un animal que me dejaría marcada para toda mi vida (literalmente).  

Aquel clip deshecho y rehecho en forma de corazón bajo el que descansa un pequeño papel de libreta, que reza unas palabras de aliento de un sabio amigo que nunca podría olvidar: “Cuando estés triste o cabreada o lo que sea ponte un boli en la boca y piensa en algo bonito”. (Guli, que sepas que lo hago todas las noches antes de acostarme =D)

O aquella tira de corazones de colores que siempre me recordaban a una persona especial pero que cada día siento más alejada de mi vida sin saber que hacer para remediarlo. Como aquella ristra de billetes que cuelgan del techo, símbolos de unos buenos ratos llenos de esfuerzo y cariño de unas niñas fantásticas, con todos los recuerdos de mi primera actuación oficial como guitarrista de la Comparsa de las Niñas.  De mis guitarras no puedo ni quiero hablar, porque con ellas tengo historias como para escribir un libro. Sasha y Nana, os debo gran parte de lo que soy y en gran parte de momentos especiales estuvisteis presentes y tomasteis parte. 

Como aquel dado negro que, ahora junto a un avión de papel amarillo con unas letras con más sentido y valor del que aparentan, cuelga de la pared sobre el cabecero de la cama, y que cada vez que lo miro no puedo evitar sonreír pues, a pesar de lo nerviosa que estaba, usaba mi “gran dote interpretativa” para que mis compañeros actores (y no actores) no lo notaran y estuvieran un poquitín más tranquilos con el fin de inspirarles algo de confianza.
Como todos aquellos libros desparramados por las cuatro esquinas de este espacio que yo llamo “mi hogar” y todas las historias que encierran. Con algunos reí. Con otros lloré. Unos me tomaba mi tiempo para poder comprenderlos y sacar algunas enseñanzas de ellos. Otros me enganchaban desde el primer capítulo y no podía dejar de leer. Por esos libros que me leía en una noche y por esos otros con los que pasé meses interminables, días de tormenta y noches de agobiante calor. Porque sin ellos tampoco sería yo.
Como aquel poster de las guitarras y las cervezas, que me traen a la memoria aquel perfecto y cansado día en Granada con dos grandes amigos y  que me recuerdan que a mí, desde nunca me han hecho falta grandes cosas para ser feliz.  

Todos estos  objetos, a ojos de cualquiera serían basura, pero cuando yo entro en el espacio que encierran estas mis cuatro paredes y  los observo, uno a uno, recordando las mil y una historias que sin hablar me cuentan, pienso en qué sería ahora de mí sin ellos. 

Un libro de miles de hojas sin una sola letra. Millones de pensamientos, sentimientos y emociones que, al fin y al cabo se acabarían olvidando sin que ni yo ni tú pudiéramos remediarlo. Las historias están para contarlas, porque si no las cuentas solo tú las sabrás y cuando tú mueras morirán contigo. Porque al final el cuerpo se deteriora y sin duda sucumbirá. Antes o después…  pero todas esas batallas permanecerán si las sabemos contar de un modo adecuado.

Es cierto que la inspiración llega cuando menos lo esperas. Ese avión amarillo quedará como reliquia de esa tarde tan fantástica acompañada de Guli y JC. Como vestigio añadido a mi álbum de recuerdos sin fotografías y con ello anclado a mi memoria desde hoy hasta el día de mi expiración.

martes, 13 de marzo de 2012

MENTAL ILLNESS?

A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE, COMO YO, VEN EL MUNDO DE OTRA MANERA.


Que seas un friki no significa que te gusten los juegos de ordenador, los cómics o cualquier objeto coleccionable; sino que eres raro. A ojos de los demás soy rara. Incluso a mi misma me sorprendo a veces diciéndome: ¡Dios! ¡Soy extremadamente friki!

¿A quién le gusta la playa en invierno? A mi. ¿A quién le gusta que haga frió? A mi. ¿A quién le gusta en verano dormir de día y leer en el alféizar de la ventana de noche? A mi. ¿A quien le gustan los lunes? A mi. ¿Quien se levanta por las mañanas con una sonrisa en la cara? Yo.

Todos tenemos alguna peculiaridad. Soy tan rara que rayo la estupidez. Realmente hay veces que no me entiendo. Hay veces que me paro a pensar y me pregunto por qué seré tan diferente. A veces me pregunto si soy el error de la naturaleza o si es el mundo el error...

Soy una friki. Siempre lo he sido. Más de una vez he intentado comportarme o pensar como la gente de mi edad pero eso no me "sale".

Otras veces he intentado ser "yo misma", pero me he sentido al momento rechazada y desubicada. Tampoco he tenido nunca la necesidad de encajar. Siempre hemos sido yo y mis paranoias. Mis paranoias y yo. Y no nos ha hecho falta nunca nada más.

Ahora, esas paranoias se van desvaneciendo y convirtiendo en sueños no cumplidos y, poco a poco, me voy quedando sola.

El mundo gira y yo continúo parada, mirando desconcertada sin saber qué hacer: si tirarme en medio del centrifugado, dejarme llevar y ser infeliz o seguir como hasta ahora, nadando a contracorriente y siendo feliz a mi manera. Empiezo a encontrar a "gente" como yo: desechos sociales iguales de frikis que yo. Pero no es lo mismo...

No es lo mismo pues cuando mucha gente así se junta, cada uno barre para su puerta y las relaciones no son del todo serias. Las personas frikis necesitamos de personas "normales" que nos saquen (a rastras si hace falta) de nuestros mundos de fantasía.

Aunque el término "normal" también es subjetivo... En cierto modo, todos somos frikis. Todo depende del matiz con el que miremos los colores y nuestro punto de vista con respecto a lo que "realidad" se refiere. Es esto lo que nos hace diferentes y nos distingue de los demás, por ello somos especiales y existe la diversidad.

En lo que a mí respecta, soy friki, soy rara y vivo con ello. No pienso cambiar (que quede muy claro) por muchas puñaladas en la espalda que me dé la sociedad.

Porque esta soy yo y así soy FELIZ.